1. ¿Qué es el Seminario?

  • El Seminario es la institución diocesana que, por mandato del Arzobispo, forma según las normas de la Iglesia a los futuros sacerdotes diocesanos.
  • El Seminario es una comunidad de fe, formada por los superiores y aquellos jóvenes que se sienten llamados por el Señor al sacerdocio.
  • El Seminario es el corazón de la Diócesis, pues a través de él nuestra Iglesia particular realiza el deber propio y exclusivo de formar a los que van a ser sus sacerdotes. Por ello, toda la comunidad diocesana y cada miembro de ella debe asumir su específica responsabilidad con el Seminario.
  • Todos los sacerdotes han de colaborar con el Seminario, desde las comunidades parroquiales o sectores pastorales que tienen encomendados, mediante la oración y a través de una pastoral vocacional que con la gracia de Dios dé los frutos que nuestra Iglesia necesita.

2. ¿Qué hay que hacer para entrar al Seminario?

  • Cuando uno siente inquietud, inclinación o dudas sobre si Dios lo llamará a ser sacerdote, conviene pedir al Espíritu Santo que lo ilumine. Ayuda mucho rezar a la Virgen.
  • Hablar con un sacerdote que conoces y contarle lo que sientes, para que te pueda aconsejar.
  • Tener una entrevista con el Rector o Formador del Seminario de la Diócesis a la que perteneces.
  • Se acuerda un tiempo de entrevistas y de reuniones con otros jóvenes que están en situación parecida, para clarificarse y pasar un tiempo de experiencia o de introducción a la vida del Seminario.

 

3. ¿Qué cualidades se necesitan?

  • No hace falta ser un "súper", pero sí estar con ganas de "superarse" cada día y "superar" los propios defectos.
  • Ser una persona equilibrada, que le gusta la verdad y hacer el bien a los demás.
  • Tener una inteligencia normal, con capacidad para estudios universitarios.
  • Gustarle lo relacionado con Jesucristo, su Evangelio y la Iglesia.
  • Estar dispuesto a buscar la voluntad de Dios y a cumplirla.
  • Prepararse durante unos años en el Seminario, adquiriendo una base suficiente de formación humana, teológica, espiritual, pastoral y comunitaria.

4. ¿Qué más se hace antes de ser sacerdote?

  • Los estudios son importantes, pero no lo es todo. El tiempo de Seminario es como la experiencia de los Apóstoles con Jesús: hay que ir creciendo en madurez humana, en hondura de fe y parecerse a Jesús, en relación y convivencia comunitaria, en capacidad para la vida pastoral. Para eso en el Seminario hay un plan de formación y unos sacerdotes que acompañan, orientan y animan.
  • En los últimos cursos se reciben los ministerios de Lector y de Acólito, para practicar los servicios que se va aprendiendo.
  • Normalmente, al acabar los estudios se recibe el Sacramento del Orden en el grado de Diaconado, que permite ejercer muchas funciones en la Iglesia. Es cuando se adquiere el compromiso público de guardar el celibato.
  • Durante un año aproximadamente se ejerce el diaconado y se hace el curso de prácticas pastorales viviendo en una parroquia con otros sacerdotes y continuando con alguna clase teórico-práctica en el Seminario.
  • Al final el Obispo ordena de Presbítero y encomienda una responsabilidad pastoral. Pero la formación no acaba, porque ha de ser permanente. El sacerdote ha de estar en constante renovación para ser un fiel servidor del Evangelio y continuador de Jesús, Buen Pastor, en el mundo de hoy.

5. ¿Y cuánto dinero cuesta?

La residencia, el profesorado, la Biblioteca, etc. cuestan dinero. Pero eso nunca es un obstáculo para ir al Seminario y seguir la vocación sacerdotal. Porque hay muchos cristianos que colaboran económicamente con el Seminario para que los seminaristas que no puedan pagar los gastos reales, no vean obstaculizada su vocación.

6. ¿Para qué hacen falta sacerdotes?

  • Para enseñar la Palabra de Dios y garantizar la calidad de la educación cristiana.
  • Para anunciar el Evangelio aquí y en países de misión.
  • Para perdonarnos los pecados en nombre de Jesús.
  • Para presidir la Eucaristía y darnos el Pan de la Vida.
  • Para animar la comunidad cristiana, la Parroquia y los grupos de fe, procurando ser ejemplo y apoyo.
  • Para estar cerca y ayudar a los pobres, los necesitados, los que sufren, como hizo Jesús.
  • Para enseñarnos a rezar y relacionarnos con Dios como Padre y a ver lo que el Espíritu quiere de cada uno y descubrirnos que estamos llamados a la felicidad eterna.
  • Para orientar con criterios morales y evangélicos en los problemas de la vida y el mundo actual.
  • Para impulsar la responsabilidad de los seglares en la sociedad y dentro de la Iglesia.
  • Para servir a la unidad eclesial, coordinando a todos en comunión con el Obispo.